A lo largo del curso, hemos realizado varias sesiones en el gimnasio en lugar de en el aula, como estamos habituados. Estas clases no fueron de teoría, si no que fueron un poco distintas.
Las comenzábamos colocando colchonetas por el suelo para tumbarnos y hacer unos ejercicios de relajación. Después, empezábamos a hacer algunas actividades para desinhibirnos y coger confianza con el resto del grupo. El profesor realizaba una alta participación en estas actividades, ya que tenía que ejemplificar muy bien las cosas para que nosotros entendiéramos lo que teníamos que hacer.
La primer clase se centró en crear un vínculo entre los alumnos y también con el profesor, para que las clases posteriores tuvieran un desarrollo fluido.
La segunda clase se centró mucho en el control de la voz, el tono y el ritmo. Tenemos que tener en cuenta que cuando seamos profesores estaremos un montón de horas hablando delante de un montón de niños y forzaremos la voz, por lo que tenemos que aprender a controlarla.
En general, las actividades que se han hecho durante las clases nos han hecho ver los diferentes comportamientos en la sociedad respecto a una idea. Además, eran ejercicios que hacían que perdiéramos nuestra vergüenza para poder hacer toda clase de cosas con libertad. En general, los alumnos hemos respondido bien ante esta manera de dar clase y hemos realizado todas las actividades. Nos hemos divertido mucho con ellas y además hemos aprendido, lo que demuestra que se puede aprender sin estar sentado en una silla memorizando.
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